Larry tenía una voz emocionalmente opaca y, para colmo de males, ni siquiera lo advertía. Le pedí, pues, que me cantara sus palabras como si estuviera actuando en una opereta. La sugerencia le causó gracia, y la primera vez que lo hizo se le animó la cara, como si fuera un pajarito recién nacido que acabara de asomar su pico al mundo. Trabajó sobre su voz durante una sesión entera, hasta que finalmente consiguió decir las palabras con algo de la animación despertada en él por el canto. Ahora, por lo menos, conocía la diferente resonancia que podía cobrar su voz, y por un rato se sustrajo a su modo de hablar habitual y se expresó en tonos más variados y vivaces. Por desgracia el efecto de la experiencia se disipó y recayó en su monotonía, aunque esta vez con un sentimiento cabal de frustración., porque advertía la diferencia y quería su voz más vibrante. Hablaba con la cabeza gacha, sin acertar a expresarse, y como si sofocara un suspiro. Le pedí que respirara hondo y suspirara, manteniendo la barbilla pegada al pecho. El suspiro resultó un gemido y, mientras continuaba gimiendo, su voz se volvía más y más profunda, hasta que empezó a sentirla integrada con su cuerpo. Comprendió entonces que no sólo había sido una voz monocorde, sino, además, desencarnada. Comoquiera que fuese, aun gimiendo sintió una extraña paz interior, un sentimiento que trascendía todo contenido específico. Al cabo de unos minutos estuvo de nuevo en condiciones de hablar con la animación redescubierta de antes. No la conservará permanentemente, pero en lo sucesivo cada vez que la pierda tendrá más posibilidades de encontrar los medios de recobrarla, en la terapia al principio, y posteriormente fuera de ella.
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Antes que Larry, el de la voz monocorde, se familiarice con la vivacidad vocal, acaso necesite gruñir, gritar, llorar, charlar como una mujer o como un fanfarrón, cuchichear, despotricar, hablar en un dialecto extranjero, chillar... descubrir, en fin, todas las posibilidades de la voz inmadura que mantuvo estancada tanto tiempo... (p. 144s)
Hay personas cuyas palabras se pierden antes de llegar al oyente, o lo atraviesan sin afectarlo; otras cuyas palabras resbalan sobre el oyente, o van más allá de él; sólo algunas saben entablar el contacto justo, que se siente directo y certero.
[La respiración cumple un papel fundamental es la emisión de la voz. Si es contenida, debido a tensiones musculares crónicas en diferentes partes del cuerpo, hacen que el aire que mueve las cuerdas vocales llegue a ellas en diferente forma, haciendo que se sobre o sub esfuercen.]
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La risa es otro aspecto significativo del contacto vocal. ¿Surge del individuo con fluidez, o a borbotones? ¿Tiene resonancia o es opaca como un sonido metálico? ¿Es suelta o contenida?
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Un principio gestáltico elemental es acentuar lo que existe, en vez de procurar cambiarlo directamente... [Por tanto, un buen ejercicio en grupo puede ser pedir a alguien que exagere su expresión dirigiéndose a cada miembro. Por ejemplo, el quejumbroso pidiendo algo a cada uno.] (p. 146-148)
Hay hablantes verbales y hablantes sutantivos y, algunos que prescinden de pronombres personales; hay quienes hablan con libertad poética y otros que lo hacen con la precisión de agrimensores (p. 149) [entonces, es una buena idea leer poesía para enriquecer la expresión]
[En el video siguiente sobre el Teatro Kabuki podemos notar que el peso recae sobre el uso de la voz]
Extraído de:
Polster, E. y Polster, M. (1974). Terapia Guestáltica. Bs. As.: Amorrortu.