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viernes, 5 de diciembre de 2014

ELEMENTOS TRANSFORMADORES EN LA PSICOTERAPIA GRUPAL

Entre aquellos elementos que impulsan el cambio en el proceso grupal se encuentran: (p. 194-208)
  1. El insight. En el espacio-tiempo de la sesión, a los aspectos internalizados aprisionarlos, descubrirlos, reconocerlos, mirarlos en ese "afuera" terapéutico que es la réplica más o menos exacta del "adentro", para entonces, en función del insight, aprobarlos, modificarlos, repararlos, o devolverlos, etc., de modo de permitir y favorecer el cambio hacia el crecimiento personal.
  2. El outsight. Se trata de la posibilidad y capacidad de percibir y descifrar la realidad contextual, ya no hablamos aquí del "afuera que exterioriza el adentro". Poder reconocer una propuesta sometedora y explotadora en una sonrisa cómplice, una palabra amable o una imagen televisiva.
  3. Relacionar el insight con el outsight. El poder eslabonar lo interno con el externo, rastrear el parentesco entre la mirada airada, punitiva, del padre de un adolescente, mirada incrustada en su interior ante la que solo cabe el temblor y el sometimiento con la aceptación del sufrimiento y la naturalización del displacer que provoca "la mirada airada" de una exigencia patronal arbitraria.
  4. La posibilidad de agrupamiento. En el sentido de la oportunidad extraordinaria de encontrarnos con otras personas, de sentirnos con alguien. La posibilidad de vivir la experiencia de que alguien se "meta" en nuestras cosas, no para apropiárselas, sino para devolverlas transformadas, descubriendo que lo de los demás también es mío. En el grupo terapéutico, hacerle bien a un compañero no significa ser amable con él, sino incluso agredirlo porque me fastidian sus conflictos también a partir de lo que a él lo bloquean o invalidan. O poder acariciarlo porque ese es su deseo, aunque él mismo no tenga conciencia de ello, y aunque en ese momento mi deseo quizá sea el de ser yo acariciado. Pero sabiendo que poder discriminar correctamente el deseo ajeno entendiéndolo, o simplemente sintiéndolo, es una forma más de discriminar el propio.
  5. La función especular, la posibilidad de observarse, escucharse, tocarse, desde el otro, siendo este otro mi espejo. Entonces no sólo con la palabra, sino también a través de las reacciones que provoco: bostezo, sonrisa, aburrimiento, interés, un cuerpo inclinándose hacia uno, etc., que permiten confirmar o modificar la propia perspectiva de sí mismo.
  6. La emulación. Las acciones de los otros miembros generan cambios en el resto, incluso estimulan a la acción de viejos deseos postergados. También es posible una emulación negativa, resistencial o poner en evidencia el rezago transformacional de alguien, que finalmente termina dejando el grupo.
  7. La solidaridad. Que incluso puede manifestarse fuera del espacio-tiempo grupal, como apoyo concreto ante cambios que desea implementar un miembro.
  8. La posibilidad de discriminar, afirmar y poner de manifiesto la propia identidad, pues a través de los Otros es que puedo llegar a ser Yo.
  9. La transformación inducida, entendida como aquella transformación que "ocurre" como emergente grupal, sin que podamos o tengamos que saber su origen o su intencionalidad. Aquí incluimos el dejar de prestar atención a las conductas parásitas o fuera de contexto.
  10. El descubrimiento y desarrollo de la capacidad de imaginar. Sobre esta condición del psiquismo se ejerce una sistemática presión social para su atrofia, pues la aceptación de prescripciones y roles alienantes son necesitados por el orden social para su mantenimiento y reproducción.
  11. La restitución del cuerpo al campo perceptivo, cognitivo y activo de la persona supone un importante vehículo hacia la transformación, además de ser transformador en sí mismo. (...) Lo corporal configura lo más concreto de la existencia. (Sin embargo vivimos alienados,) ...este distanciamiento entre la mente y el cuerpo determina la habitual, inevitable, sensación de extrañeza que todos sentimos respecto de nuestros latidos, nuestras secreciones, nuestras tibiezas. Extrañeza que de pronto puede inundarnos como reintegración catastrófica en casos de enfermedad o accidente. Relacionada con dicha alienación se halla la usual manera de referirnos al cuerpo como a algo que se "tiene", disfrazando el hecho de que en realidad se "es" un cuerpo propio, porque incluso el lenguaje no es más que uno de los registros expresivos de lo corporal (glotis, paladar, cerebro, etc.) (p. 120)
C (varón), profesor de gimnasia, y por lo tanto habituado a "vérselas con el cuerpo", le señaló a T (mujer) que por su forma de sentarse, con brazos y piernas cruzados estrechamente, daba la impresión de estar "atada", "anudada" por sí misma. Ello correspondía exactamente con las características de su personalidad global (inhibida, tímida, retraída). Le propusimos a C que hiciera algo con T, que la ayudara; este reacomodó la actitud corporal de T librándola de su "ligaduras". Se le preguntó a T qué sentía, y entonces pudo trasmitir un material ligado a sus fantasías sexuales infantiles, que hasta entonces había permanecido en la sombra.
En este ejemplo quisiera detenerme en algunos aspectos: cuando le pedimos a C que hiciera algo, que actuara, estábamos propugnando en el seno de dicho grupo la utilización de un código distinto del verbal, que resultaba indispensable puesto que T hacía gala de un "brillante" y paralizante manejo de racionalizaciones e intelectualizaciones verbales. (p. 52)
Las intervenciones facilitadoras son aquellas que se proponen asegurar una interacción operativa, con un grado de participación, compromiso e inteligibilidad que promueva  el proceso transformador.
Una intervención de este tipo puede consistir en lo siguiente:
  • Una pregunta a quien señaló algo: ¿Por qué será que se te ocurrió a ti decir eso?
  • Cuando alguien ha terminado de resaltar algo, proponer que cada uno de los integrantes del grupo digan brevemente qué sintieron, qué pensaron o qué entendieron
  • Rescatar para la interacción grupal, para la "olla", algún gesto o bostezo, denunciándolo y solicitando que sea verbalizado o que se intente verbalizarlo.
  • Si alguno de los integrantes está relatando verbalmente algo y resulta claro que la palabra es usada como defensa y no como vínculo, indicarle que interrumpa lo hablado y continúe con gestos o movimientos, etc.
En términos generales, puede decirse que una de las finalidades de este tipo de intervención es mantener un grado de "intensidad" operativa. (p. 174)

La Interpretación grupal no es aquella que se propone detectar una fantasía única, válida colectivamente, sino aquella intervención que abarca a más de un paciente. Las alternativas de selección son, según mi criterio, dos:
  1. Aquel material que se revela como más abarcador, es decir que su esclarecimiento o exploración se articulará con los impulsos, conflictos y deseos del mayor número posible de integrantes de un grupo terapéutico.
  2. El emergente impregnado de una intensidad afectiva que haga inevitable y útil su resolución, aunque sea privativo de uno sólo de los pacientes. Ya he esclarecido suficientemente que, aún en este caso, el nivel de la tarea será grupal, por la posibilidad de ocuparse del prójimo, de ponerse en su lugar, de dejar resonar en cada uno de sus conflictos emparentados, de cotejar los modelos de solución posibles con los actuados o elegidos personalmente, etc. (p. 183)
La psicoterapía debe estar al servicio (del nivel) del cliente. Estar en el grupo es como entrar a un sueño (N. del E.)

Tomado de:
O'Donnell, Pacho (1974). Teoría y técnica de la psicoterapia grupal. Bs. As.: Amorrortu,

jueves, 12 de junio de 2014

Apuntes en Psicoterapia Grupal

LA IDENTIDAD GRUPAL
¿La buena integración grupal es sinónimo de la curación de sus miembros? En este aspecto mi opinión es negativa, pues un grupo se consolida en función de "pactos" entre las fantasías inconscientes de sus miembros, a través de un acuerdo generalizado en relación con el desempeño de roles necesitados por los grupos internos de sus integrantes.

La integración del grupo supondría de esa manera cierto grado de equilibrio que no es conveniente para un proceso terapéutico. Una terapia debe estar asentada, sólidamente asentada, sobre situaciones críticas, límites. La organización grupal supone su institucionalización y como tal, la anulación y aquietamiento de las ansiedades y resistencias más comprometidas. (p. 86s)

(En el proceso del grupo se van instalando unos referentes que le otorgan identidad, una historia que le da continuidad.) En un grupo se produjo el abandono brusco e imprevisto de dos de sus miembros por causas que aun hoy no puedo explicarme... dicho grupo se "acostumbró" a ese tipo de abandonos, como si sus integrantes tendieran a repetir la escena traumática (...) (Esta) es una de las vallas que todo miembro nuevo debe sortear: "¿De qué se habla cuando se recuerda aquella vez que Fulano hizo esto o aquello?". Es allí desde donde también a veces son rescatadas aquellas sombras de quienes fueron dados de alta o abandonaron el grupo: "Me haces acordar a Zutana". (p. 106)

La "Escena básica", grupal o personal, es una escena que simboliza o representa algún aspecto nodal del conflicto, por lo que representarla no corresponde a un hecho sino a la "realidad" de lo imaginario, que determinan las "conductas básicas". (p. 59), un repertorio de conductas que estructura la personalidad. Para dilucidarlas, se pueden hacer dos cosas (p.48):
  1. A través de la serialidad, es decir, de la aparición y reaparición de una unidad conductual, recortable de la totalidad de conductas de dicha persona, que se presenta como denominador común ligado a un estímulo identificable que aparece como situación-gatillo que pone en marcha un modelo perceptual y/o reaccional. Puede definirse, además, como un argumento estable que es representado en distintos escenarios y con diferentes actores. Forma los mecanismos básicos de una personalidad... En la posibilidad de detectar ese repertorio de conductas básicas o escenas fundamentales en toda personalidad estriba el potencial de articular adecuadamente los recursos terapéuticos.
  2. A través de las "conductas reaccionales", las que emergen con una intensa carga afectiva, y se denuncian por su desmesura, lo que apunta a su condición de vínculo objetal interno conflictivo.
Es importante poder registrar los dos niveles clásicos de comprensión de una conducta: su genética, es decir el por qué, y su intencionalidad, es decir el para qué. Ya he señalado que la psicoterapia grupal es particularmente apta para este último nivel, mientras que la individual lo es para el primero. (Nota 14, p. 166)

PSICOTERAPIA INTERMINABLE
Lo interminable de ciertas psicoterapias y de muchos "psicoanálisis" se debe a:
  • Que se estructura sobre el vínculo sometedor-sometido, reproduciendo esta patología social en lugar de introducir una alternativa transformadora.
  • La actuación inconsciente "psicopática", por parte del terapeuta del principio de la propiedad privada sobre "sus" pacientes; de poseerlos y no dejarlos escapar. En ese mismo sentido, incluyo el "orgullo" por la baja deserción que se relaciona con una habilidad para "captar" al paciente más que con la de captar su problemática y operar desde ella a fin de resolverla en el menor tiempo posible. Esto se vincula también directamente con el factor lucrativo que todo paciente significa para el psi.
  • Otro mecanismo de la terapia "interminable" remite a los encuadres dirigidos al fomento de la regresión, a nuestro entender justificados tan solo en casos de diagnóstico y pronóstico específicos, y que llevan a transformar al paciente en "niño" frente al terapeuta "adulto" que opera casi exclusivamente sobre núcleos conflictivos descartando los aspectos yoicos más maduros. De este modo se logra congelar al paciente en el rol de "enfermo", de "inmaduro", siéndole imposible modificarlo. (p. 36)
Pacho O'Donnell
DEL YO AL NOSOTROS
R. Laing opina que el psicoanálisis tiene un "yo", un "superyó" y un "ello", pero le falta el "tú". (p. 14). 

Volvamos a aquella mujer que balbueceaba "de estas cosas una tiene que salir sola" delante del individuo parapetado detrás de los gestos y voces solemnes que componen el rol social del psi. Aquí me creo en condiciones de sospechar una inoculación del individualismo burgués, coherente con el aserto de que la persona sana, fuerte, es capaz de bastarse a sí misma, sin ayuda de nadie. Esta es una de mis máximas deudas hacia los miembros de los grupos terapéuticos que he coordinado: haber aprendido que lo realmente valioso es desear y poder estar, sentir, pensar, sufrir, gozar, junto con los otros. Ante una dificultad, poder pedir ayuda, llorar, gemir "no puedo". Un criterio de "alta" alternativa: en vez de valorar que alguien esté en condiciones de arreglárselas solo, que se sienta capaz de arreglárselas acompañado. (p. 35)

El psicoanálisis habla mucho de sexo, lo sexualiza todo, pero, al igual que los histéricos, ello no le impide vivir el sexo como algo malo. Es así que no hay lugar de encuentro más asexuado que una sesión de psicoterapia grupal "ortodoxa". (p. 172)

...Lo elemental y lo no comprendido es que, mientras los psis se ocupen "pertinentemente" del cuerpo simbólico, el cuerpo real no podrá menos que someterse al rendimiento, la plusvalía, el bienestar ajeno. Es el mismo cuerpo que apila ladrillos, que sella expedientes, que perfora chapas, el que debe incluirse, "destacharse", en el campo terapéutico. (p. 24)


Mi impresión es que lo más rico de lo edípico, lo más real, es ese combate por someter, por evitar ser sometido; esa violencia microgrupal, esa lucha por la propiedad de lo deseado, esa batalla por la dominación que se libra dentro de las paredes del triángulo (edípico). Siempre, debajo del incesto, asoma la violencia. Ocuparnos obsesivamente del incesto es negarnos a ver la violencia. (p. 27)

Tomado de:
O'Donnell, Pacho (1974). Teoría y técnica de la psicoterapia grupal. Bs. As.: Amorrortu,

lunes, 9 de junio de 2014

EL ROL DEL PSICOTERAPEUTA (GRUPAL)

Toda conducta es una comunicación o intento de comunicación con objetos internos -grupo interno- pero el énfasis recae más bien en las relaciones internalizadas. Cuando nos relacionamos en otras situaciones, con objetos externos, no transferimos los objetos introyectados a esas situaciones, sino transferimos las relaciones, una matriz de dramas, de pautas de secuencias temporales y espaciales. (p. 46s)

Mi opinión: es inimaginable un vínculo que no se halle teñido de subjetividad. La comunicación interpersonal siempre incluye el nivel intrapersonal. Podría decirse que el nivel será interpersonal cuando lo intrapersonal no distorsiona la percepción de la realidad objetiva, cuando el grupo interno no "nubla" al externo. (p. 94)

Es tarea del psicoterapeuta grupal estimular y centrar la tarea en lo interpersonal cuando la dinámica del grupo lo aconseje. En mi caso, cuento con un repertorio de juegos... (para evitar caer en una verborreica de) "interpretaciones sesudas"... donde todo es explicado pero casi nada es sentido.

Por eso una de las propuestas del psicoterapeuta debe ser inculcar en los integrantes del grupo la utilidad de volcar en la "olla", no solamente lo que creen comprender, sino también el registro de lo vivenciado, aun de aquello que tal vez parezca trivial, como por ejemplo: "mientras escuchaba me distraje y me puse a pensar en lo que tengo que hacer más tarde", "a pesar de que estás triste, lo que yo siento es rabia, aunque no me doy cuenta por qué", "no puedo dejar de mirar tus zapatos deslustrados", etc. Suele ocurrir que a través de estas "trivialidades" emerge lo latente. (p. 95s)

(Uno de los más grandes retos para el terapeuta es el de) poder renunciar al sitial de poder que la sociedad le ofrece a quien ejerce el rol de terapeuta. Sitial en el que también es instalado ávidamente por los pacientes, los cuales muchas veces constituyen la barrera más infranqueable en un camino hacia el cambio, porque ellos son, asimismo, lo social, en ellos está internalizado un modelo terapéutico o, por lo menos, un modelo de relación con la "autoridad": padres, maestros, gobernantes, etc., que emerge como conducta transpersonal (el autor usa el término en sentido de "que atraviesa a las personas"). (p. 169).

El rol de psicoterapeuta no supondrá un ejercicio dominador sino una conducta facilitadora de que, cuando la oportunidad así lo indique, sean por ejemplo los miembros de un grupo terapéutico quienes propongan dramatizaciones, acuerden la organización de una sesión prolongada, o aún, por circunstancias de enfermedad o viaje del terapeuta constituyan igualmente el grupo psicoterapéutico. (p. 62) En mis grupos es habitual que sean los mismos pacientes quienes propongan una dramatización y la dirijan, pudiendo necesitarme como yo auxiliar. O excluyéndome, lisa y llanamente, sin que esto suponga ninguna interferencia en la tarea grupal. Por el contrario, es muy claro, indiscutible, que la posibilidad de crecer en el grupo se relaciona en alto grado con la capacidad del terapeuta de "empequeñecerse" en el momento oportuno. (p. 185)

Lo único que diferencia al terapeuta de quienes lo consultan es el instrumento que posee, la teoría y prácticas psicoterapéuticas... Dicho rol social de ninguna manera implica que el terapeuta es una persona que se conoce y se realiza. O que es una persona sana... La zanja entre los "sanos" y los "enfermos"... permite, a quien se ubica detrás del escritorio, ...ocupar el lugar de "sano". Y, además, a creerlo.
Trampa miserable que es posible descubrir en esta frase de Slavson: "La manera en que el terapeuta hace frente a las situaciones en el grupo sirve de ejemplo a los pacientes. Su aire tranquilo y su porte seguro constituyen una demostración viva de la fuerza del yo y de su objetividad"*. ¿Por qué  ese aire tranquilo? ¿Seguro de qué? ¿Acaso todos los terapeutas gozan plenamente del acto sexual? ¿Acaso saben tener amigos? ¿O acaso lo reasegurador y lo tranquilizador será justamente ese rol social tan necesario para el mismo sistema de dominación que a cambio y como pago le permite, ante la platea de sus pacientes, hacer "como si" tuviera todos sus problemas resueltos y "como si" la vida y la muerte le hubieran abierto las puertas de todos sus secretos? (p 151s)

(Parafraseo), El grupo, en sus múltiples facetas reflectoras, otorga el máximo de seguridad del mensaje emitido, por lo que el terapeuta grupal debe ayudarse oyendo a los miembros del grupo, Por ello, al intervenir es importante expresarse con la convicción de no creer tener la razón o la verdad, pues siempre están actuando los propios filtros. Ello se reflejará en frases como: "me parece que", "quizá lo que esté sucediendo sea", "a lo mejor lo que Fulano haya dicho es", o un simple "Posiblemente". Un ejemplo:

B (mujer) relataba una escena hogareña en la que su marido aparece como muy débil y arruinado, a diferencia de lo que habitualmente sucedía. Yo he señalado, sintiendo que me apresuro, como si no pudiera dejar de hacerlo, que a lo mejor B se está dejando llevar por su envidia hacia los logros del marido y que por eso lo disminuye ante el grupo. Interviene entonces otro de los miembros para mostrar que B está refiriéndose en forma inconsciente a un diagnóstico presuntamente maligno que le hicieron a su marido hacía ya un tiempo y que ambos se empeñaban en negar. Negación con la que tendí a hacerme cómplice, y pude darme cuenta de ello gracias a la intervención correcta, pues al día siguiente yo debía concurrir a una consulta médica a raíz de unos problemas intestinales cuyo diagnóstico me tenía preocupado. Es obvio que esa situación grupal me sirvió para revelarme cuánto me perturbaba realmente dicha consulta. (p. 165)

(Otro ejemplo, pero representando a lo que nos oponemos:)

En una sesión J (varón) se quejaba de que no obtenía placer en su trabajo y que ello le preocupaba seriamente. Su exposición estaba bañada de angustia. Había sostenido un largo tratamiento "psicoanalítico" individual en el cual se le había interpretado reiteradas veces que dicha dificultad radicaba en que no se permitía superar a su padre por las fantasías censurables que tal situación acarreaba. Claro, como no podía ser de otra manera: superar a su padre significaba tener un pene más grande que el de él y apoderarse de mamá. Una interpretación "perfecta". Cuando J relató esto fue evidente que lo recitaba, que dicho módulo jamás había "prendido"  en él. La palabra"módulo" se me ocurre adecuada para designar aquello tan habitual de que un "psicoanalista" construya algunas hipótesis que devuelve a su paciente como certezas (las negritas son nuestras). Le inocula módulos de pensamiento a los que es muy común, desgraciadamente, que el paciente se someta y los incorpore, como "realidades" a las que comienza a regar y adornar, haciéndose cómplice con su psi para instituir un circuito autoverificador. (p. 157)

*Slavson, J. (1954). "A contribution to a systematic theory of group psychotherapy", Journal of Group Psychotherapy.

Tomado de:
O'Donnell, Pacho (1974). Teoría y técnica de la psicoterapia grupal. Bs. As.: Amorrortu

viernes, 6 de junio de 2014

El grupo terapéutico no es una isla

El grupo psicoterapéutico (microgrupo) reproduce -no puede dejar de hacerlo- las características del contexto socioeconómico (macrogrupo). Este postulado es uno de los pilares de mi concepción de la psicoterapia grupal y se opone a la difundida creencia de que los grupos, ante la actitud "pasiva", "no inductiva", del psicoterapeuta tradicional, se dan sus propias normas; como si un grupo significara un sistema cerrado de características que le son exclusivas, propias. De ahí derivan los malentendidos asociados a conceptos tales como "fantasía grupal", "ansiedad grupal", "proceso grupal", etc.
(...)
La postulación del grupo psicoterapéutico como inseparable del macrogrupo social lleva, necesariamente, a una definición de este último, a una toma de partido que, por ser tal, atenta contra la concepción aséptica, neutra, de la ciencia reaccionaria. Esta supone la posibilidad de no comprometerse y encubrir así su designio de sometimiento: es una ciencia que, al mantenerse ajena a la realidad, avala y favorece al dominador en desmedro del dominado. (p. 9)
(...)
Lo dicho nos lleva a afirmar que toda psicoterapia -y entendemos que la grupal es en ese sentido privilegiada-, debe proponerse hacer consciente no solo los dinamismos intrapsíquicos sino también los extrapsíquicos, los sociales, y su articulación con aquellos. Ello no significa "hacer política", ya que el terapeuta deberá evitar inoculaciones de su parte, sino, por el contrario, develar o desocultar lo que está disfrazado o disimulado detrás de la "realidad" y opera en una clandestinidad que, ella sí, es política. Tal es el caso de la ideología, estilo de decodificación y aprehensión de la realidad condicionado por los intereses del imperio y de la clase dominante, que acciona como contenido manifiesto de una intencionalidad latente, que es la de reproducir y conservar las características de un sistema de sometimiento.
(...)
(Otra de las celadas de la ideología dominante) es suponer la realidad externa como algo natural, inmutable. Una manifestación de ello es el criterio de "principio de realidad" como "principio", es decir, como una concepción que da origen y no que es originada. De él dijo W. Reich*: "Dicho principio se vuelve formalista cuando no toma en consideración el hecho concreto de que el principio de realidad, tal como existe actualmente, es el principio de realidad de la sociedad capitalista, es decir, de la empresa privada". (p. 11)

Damiani (citado por O´Donnell)**,  señala que "es difícil comprender -pero no por ello menos real- cómo profesionales cuya especificidad es encontrar los significados más ocultos tras los contenidos manifiestos (interpretación de lo real latente) abandonan esta práctica respecto de su propio accionar profesional, conformándose con tomar como real solamente los contenidos manifiestos" (y no los latentes, como una relación de sometedor-sometido, el tipo de silla diferenciada del del paciente, el diván, etc.) (p. 123)
La reproducción del macrogrupo en todo microgrupo incluido en él se da a través de:
  1. Los mecanismos estructurales y funcionales de la sociedad, explícitos e implícitos, que impregnan el contexto en que, por ejemplo, se desenvuelve la psicoterapia grupal: un psicoterapeuta con prestigio o fama gozará de una mayor demanda de sus servicios, lo que le permitirá abultar sus honorarios; en cambio, un profesional novato o no exitosos se verá obligado a ofrecer su "producto" a bajo precio  y deberá hacerse cargo de los casos "feos" (personas de inteligencia poco desarrollada y/o de bajos recursos económicos). Además, quizá no le quede otra alternativa que incorporarse con desgano a alguna obra social, con la consiguiente e inevitable desvalorización que internamente hará de su tarea en instituciones de ese tipo, situación que entrará en franca colisión con nuestra realidad social, ya que el grueso de la tarea asistencial en la Argentina está a cargo de instituciones no privadas.
  2. El modelo comunicacional y el interaccional inoculado por las matrices grupales en las que va estructurándose la personalidad: familia, escuela, medios de comunicación, etc. (p.17s)
Una de las trampas adaptativas en que puede caer el terapeuta (es) fomentar la estructuración y el funcionamiento del grupo como "isla" desalienada, donde sus miembros se aman, se tocan, se comprenden, mientras lo "malo" queda fuera de sus límites, en una típica negación maníaca. (p. 21)

En el grupo surgió claramente la manera en que L homologaba el ser un "buen padre" y un buen "esposo" con el deslomarse trabajando en dos empleos, privarse de gratificaciones de tipo personal  para comprar "lo que toda familia debe tener", hipotecando su vida en pos de un bienestar y un confort míticos y fetichizados, etc. Es decir, L "rendía" al máximo como padre y esposo, y ese mismo principio de rendimiento contaminaba sus vínculos familiares: su hijo "debía" ser un buen alumno (rol de "alumno aplicado") mientras su esposa "debía" tener la comida lista, las camisas planchadas, el piso barrido, etc. (rol de "ama de casa ejemplar"). Cualquier transgresión a estas normas detonaba su disgusto, su reproche.
L actuaba como el control social de sus familiares directos, de la misma manera en que estos lo hacían en relación con él, no sólo en la configuración del rol de "jefe de la familia" sino, además, y junto con ello, mostrándole su incapacidad de darles todo lo que hubiera sido posible. Porque es esta una de las características de una sociedad que reposa en el consumo, debe permanentemente mostrar lo que no se tiene, señalar con un dedo admonitorio lo obsoleto, lo ausente, forzando a una carrera demencial condenada al fracaso (y) es este mismo fracaso el motor de la "búsqueda".
(...)
L, con la solidaridad e impulso de sus compañeros de grupo, logró cambiar en alguna medida sus conductas de rol... Simultáneamente la familia modificó en algo su "coreografía" y pudieron permitirse integrar a su condición de padre, madre e hijo el dialogar menos recelosa y prescriptivamente, el interesarse por qué le sucedía al otro, qué pensaba, y no tanto en "cómo rendía".
(Pasaron del "debería" al vivirse, vivirnos, vivir para sí. Nota personal WOM). (p. 72-76)

*Reich, W. (1970). Materialismo dialéctico y psicoanálisis. México: Siglo XXI.
**Damiani, P. (1973). Salud y Enfermedad Mental. Bs. As.: Centro Editor de América Latina.

Tomado de:
O'Donnell, Pacho (1974). Teoría y técnica de la psicoterapia grupal. Bs. As.: Amorrortu,