lunes, 13 de febrero de 2017

Modificación de Conciencia y Salud (1)

"Y FUI ARREBATADO AL TERCER CIELO"
La Modificación de Conciencia y la Salud (1)
Walter Ojeda Murguía
-Primera Parte-

Tanto la recuperación de la salud física como de la mental son atravesadas por experiencias espirituales, sea a través de un ajuste en nuestro sistema de valores o por experiencias de tipo espiritual. A continuación reflexionamos sobre ello teniendo como eje los descubrimientos del doctor Hamer y la perspectiva de la Psicología Transpersonal.

El fariseo Saulo iba camino de Damasco persiguiendo a los cristianos cuando una luz lo encegueció y lo hizo caer del caballo. Y oyó una voz…
La historia de Saulo, luego llamado Pablo, el apóstol, está llena de detalles acerca del proceso de la salud y la enfermedad. Nos muestra la ocurrencia de un evento inesperado que provoca una alteración física (ceguera), la percepción de una luz particular, la audición de un mensaje, un  punto de inflexión tan radical que genera hasta el cambio de nombre y, finamente, la recuperación de la vista antes perdida. Más adelante, Pablo contaría a los corintios acerca de la experiencia de ser llevado a lo que llamó “el tercer cielo”, lugar de visiones y revelaciones (cfr. Hechos 9, 1-22 y II Corintios 12, 1-5).
Todo el relato evidencia una verdadera metanoia, una transformación actitudinal, un ir más allá de lo conocido (meta: más allá; noia: conocimiento): una conversión[2]. Pero algo más, esta conversión muchas veces está acompañada de una experiencia particular: la de elevarse, levitar, ser arrebatado al cielo. Más de una de las características arriba mencionadas las hallamos en los testimonios de sanidad religiosa.
Este tipo de experiencias evidencia un proceso frecuente pero usualmente inadvertido, que se vincula con nuestra salud física y mental, tal como lo explicaremos a lo largo del texto. Dicho proceso se manifiesta de variadas maneras, tanto de forma natural como inducida, generalmente relacionadas con situaciones extremas de dolor, miedo y peligro; enfrentarse al cáncer, confrontarse con la muerte.
Respecto a la forma natural podemos mencionar las experiencias espontáneas de éxtasis, el arrobamiento del enamorado, el orgasmo, los sueños tipo desdoblamiento astral; los cuadros febriles con delirios, las alucinaciones migrañosas; cuando, frente a una situación crítica, un ser querido fallecido se nos presenta en sueños; las experiencias cercanas a la muerte que espontáneamente han vivido muchas personas en el quirófano y fuera de él; los relatos de moribundos avistando a familiares fallecidos que vienen a recogerlos; la llenura del Espíritu Santo, fenómeno frecuente en contextos grupales cristianos. El elemento luz suele estar presente en todos estos casos.
También existe una larga tradición de inducción de dichos procesos, alterando la temperatura, el patrón respiratorio, el tono muscular, el foco atencional, etc., llevándolos a límites que movilizan respuestas de emergencia orgánica. Ejemplos de ello lo encontramos en el temazcal, la inmersión en aguas frías como la laguna de Las Huaringas, técnicas respiratorias varias, el Yoga, la meditación, ingesta de enteógenos, etc.
Veamos lo relacionado con la modificación de la conciencia: Se caracteriza por cambios en la percepción del tiempo y el espacio; el individuo se siente fuera de sus coordenadas habituales, transportado a otra dimensión; se establece un tipo de contacto con seres de la esfera espiritual y/o del denominado “otro mundo”, llámense Dios, ángel, santo, gurú, extraterrestre o incluso un pariente fallecido o por fallecer, de quienes recibe mensajes o inspiración. La experiencia es vivida como real, no deja lugar a dudas (aunque puede verse filtrada por las creencias culturales y entonces el individuo puede pensar que está enloqueciendo o alucinando). Además, suelen generar en quien las vivencia un sentimiento de integración personal y de comunión con otras personas y con el cosmos. Esto suele inyectar una gran dosis de confianza, seguridad y paz. Empero, existe el riesgo de convertir la experiencia en motivo de sectarismo, pues quien la vive puede creer que sólo él ha sido capaz de vivirla, asumiendo que es “El Elegido” (es verdad que también existen experiencias desagradables, del tipo llamado demoníaco, pero no profundizaremos en ellas aquí).[3]


Sólo en tiempos recientes, aquello que era llamado místico o locura, empezó a merecer estudios sistemáticos. Uno de los primeros que los describió fue William James, el padre de la psicología norteamericana, quien en su libro Las variedades de la experiencia religiosa reseña las manifestaciones de la conciencia en el ámbito espiritual (James, 1986, 1902). Décadas más tarde Abraham Maslow acuña el concepto de Experiencias Cumbre, sobre todo para las experiencias de carácter positivo, en que se trasciende la noción de yo separado. Luego vendría todo el movimiento de la Psicología Transpersonal, con sus diversos métodos y enfoques, iluminando los diversos aspectos de la Consciencia.
La Psicología Transpersonal, en general, ha enfatizado que en el ser humano existe un impulso a la trascendencia, tan importante como el impulso sexual, y ello probablemente porque ambos están al servicio de la supervivencia, no necesariamente del individuo, sino del colectivo, llámese familia, clan, especie o cosmos.
Lo trascendente se hace evidente cuando nuestra conciencia habitual (vigilia consensuada, sueño común) es modificada y la experimentamos como integradora. Henri Corbin ha descrito dicha modificación como mundus imaginalis, el mundo de lo psíquico poblado de poderosas imágenes, condensadoras de experiencias ontogenéticas y filogenéticas (Corbin, en Ojeda, 2002), una fuente de puro potencial, donde todo es posible y poderoso (Fernández, 1994). Los personajes y las temáticas que habitan lo imaginal[4] van más allá de nuestro sentido de individualidad y es evidente para cualquiera que se pone en contacto con ellas del nivel de autonomía y vida propia que poseen. Las deidades, los seres mitológicos, los habitantes de los cuentos de hadas, los grandes personajes de la historia e incluso nuestras creaciones personales forman parte de nuestro inconsciente personal y del colectivo Una amplia descripción del impacto que genera sobre el individuo el contacto con esta realidad lo podemos ver en los estudios realizados por Grof de la modificación de la conciencia por el uso de LSD y del método de Respiración Holotrópica. Se vivencian luchas titánicas, ciclos de muerte y renacimiento, encuentros transpersonales, resignificaciones y hasta cirugías espirituales. Grof ha dado en llamar COEX Systems (Sistemas de Experiencia Condensada) a las temáticas que agrupan experiencias personales, perinatales, prenatales y transpersonales; y cuya resolución en un nivel se extiende a los demás (Grof, 1993).
Las visiones, sueños y otros estados modificados de conciencia (meditativos, hipnóticos, etc.), como activadores de recursos para recuperar la salud, pueden ser mejor valorados desde una perspectiva multinivel como la que propone Ken Wilber, consistente en identificar no sólo el estado de conciencia en que se encuentra la persona (estadio del sueño, momento circadiano, conciencia acrecentada), sino también de su estadio de conciencia, dependiente de su edad, su desarrollo psicológico individual y el grado de desarrollo psicológico de su cultura (Wilber, 2008). Este autor sugiere, por ejemplo, interpretar los sueños tanto en sus estratos inferiores (analogía corporal, metáforas sexuales al estilo freudiano) como en sus estratos transpersonales (sentido existencial, arquetípico o espiritual). Esto puede hacerse extensivo también a otros estados de la conciencia (Wilber, 1993, pág. 150).
Burney refiere su experiencia con la psicoanalista jungiana Frau Jaffé utilizando la Imaginación Activa:
Frau Jaffé me sugirió que tal vez me vendría a la mente una imagen que me recordaría lo esencial de las mujeres con las que tenía este problema. Dijo que podría ser un animal, una persona u otra cosa, pero que claramente sería algo fantaseado y no la imagen de una persona viva que yo conociera. De inmediato surgió en mi mente la imagen de un pulpo… la siguiente sugerencia consistió en que me dirigiera a un lugar tranquilo donde pudiera escribir un diálogo con este pulpo… Yo debía escribir cada pregunta y cada respuesta que me diera el pulpo…
[Luego de varios días]… la Imaginación Activa que estaba utilizando pareció llegar a su fin. Y para mi sorpresa, por largo tiempo no tuve más de esos encuentros sofocantes que había experimentado antes con mujeres. (Burney, 1991, págs. 207-210)

Desde otro ángulo, la práctica chamánica centra gran parte de su trabajo en la recuperación del alma[5]. Es decir, ya sea que lo afectado es el cuerpo o el comportamiento, el alma, la esencia que nos integra, debe recuperar su lugar. Para lograrlo se suelen usar medios externos como el recorrer el lugar donde ocurrió un hecho traumático y con chicotazos y/o tambores llamar al alma del involucrado usando su nombre. Otras maneras, más internas, consisten en recurrir a lo onírico y/o a las visiones producidas bajo efectos de sustancias enteógenas, para que el alma encuentre el camino y/o el shamán la traiga de vuelta (Valdivia, 1975). Visto de esta manera, la curación física y la mental ocurren cuando la persona recompone su parte escindida, retoma sus valores, vuelve a ocupar su lugar en el clan y en la comunidad, cuando recontacta su sentido de espíritu encarnado.
Esta noción de recuperación del alma muchas veces se presenta como experiencia espiritual, a través de visiones y sueños reveladores, la escucha de una voz interior sabia, de comprensiones súbitas, como resultado de una acción terapéutica transpersonal y de la experiencia de ver la luz al final del túnel (curiosamente “trascender” también es llamado Iluminarse o Ver la Luz). El individuo se sabe curado o, al menos, que la curación ha empezado y está encaminada. Por ejemplo, de manera espontánea y/o dirigida establecemos contacto con el bebé que perdimos antes que naciera o a temprana edad (Savage, 1992); los familiares fallecidos se hacen notar y/o se despiden a través de sueños y visiones (Doore, 1992); adictos en rehabilitación, al ingerir plantas psicoactivas en un contexto ceremonial e institucional, tienen visiones y ensoñaciones que anuncian y/o confirman su progreso (Giove, 2002). Las terapias de tipo energético (Reiki, Toque Curativo, etc.) generan también, espontáneamente, fenómenos oníricos, visionarios e intuitivos frecuentemente. Yo mismo, durante una sesión de reflexoterapia, vi modificada mi conciencia al punto que percibí que un ser, al que vivenciaba como un ángel, me hablaba, explicándome y aconsejándome en relación al padecimiento físico por el que acudí a la atención.
El poder de las imágenes también se evidencia durante sesiones tipo Constelaciones Familiares, en las que queda configurada una temática del consultante, utilizando al grupo. Los temas a consultarse suelen ser diversos: enfermedades, problemas financieros, relaciones interpersonales, toma de decisiones. Salen a la luz los factores encubiertos del presente y los transgeneracionales a través de lo que el grupo personifica como imagen espacializada. La movilización emocional y la percepción  de lo trascedente suele ser evidente (Kutschera, 2002). Y, como ha dicho Hellinger: “En cuanto la persona ha visto la solución, no tiene que hacer más que interiorizarla y simplemente seguir viviendo. Tiene que dejar que el tiempo pase. Es como un proceso de curación que se desarrolla lentamente y, en su momento, llega a su fin… Todo el cambio se da tan sólo por la imagen interiorizada.” (Weber, 1999, pág. 278)
Todo esto es emplear los recursos espirituales para facilitar que el organismo se trascienda, hallando soluciones sobre-naturales.

Ir a la segunda parte

(1). El presente texto fue publicado en Solaris Revista Intercultural. Año 1 Vol 1 Jun 2016, NIOS: Lima, pp. 67-76.
[2] Concepto bastante alejado al de arrepentimiento, la traducción clásica.
[3] Para profundizar en la descripción y análisis desde un punto de vista transpersonal de cada una de dichas experiencias sugiero ver (Doore, 1992), (Grof, 1993)
[4] Precaución: no confundir imaginal con imaginario. Lo imaginal se vivencia como real, con vida propia. Lo imaginario es vivido como un invento de nuestra propia mente.
[5] Por Alma considérese el mundo interno, en contraposición al Ego, orientado al mundo externo. El alma entendida como lo que nos hace seres individuales en contacto con la totalidad, la chispa del Espíritu (véase (Vaughan, 1997, pág. 57ss).

sábado, 11 de febrero de 2017

El trabajo sobre el inconsciente según Assagioli (2)

Para ver la primera parte pulse aquí.

6. DESARROLLO DE LAS FACULTADES DEFICIENTES (cfr. cap. 18)
Hasta ahora hemos hablado de las formas en que pueden utilizarse las energías psíquicas existentes y activas en nosotros. Pero para llegar a una psicosíntesis armónica de nuestra personalidad, es frecuente que haya que cumplir otra tarea: la de desarrollar en forma activa las funciones psíquicas deficientes. Estas pueden ser debidas a deficiencia constitucional o por represión (p. 155) [En este último caso es necesario primero un psico-análisis]. Para el primer caso es necesario el entrenamiento sistemático. Presentamos algunas propuestas:

  1. Desarrollar el percibir y observar. Se puede practicar mirando dentro de una habitación o escaparate, luego hacer un ejercicio de recordar lo visto y finalmente cotejarlo. Hacer lo mismo con un cuadro o con un dibujo. También ejercitar el oír prestando atención a los sonidos e ir señalando lo que va llegando (usualmente pasamos por alto mucha información auditiva).
  2. Desarrollar la concentración. Ejercicio: Evocar del modo más vívido posible y mantener cada vez durante más tiempo, imágenes diversas. Ir de lo simple a lo complejo, por ejemplo empezar con un número o letra y avanzar a imágenes estáticas. Luego puede pasarse a movimiento o imágenes secuenciales. Pueden recordarse también impresiones auditivas, evocando sonidos, motivos musicales y también impresiones táctiles, olfativas y gustativas.
  3. Desarrollar el pensar y el razonar. Todo ser humano tiene el potencial de la razón, cuyo desarrollo requiere la capacidad de ser conscientes de cómo la afectividad, las emociones, nuestros intereses e imaginación nos atraviesan constantemente, empañando, dirigiendo o enriqueciendo nuestro raciocinio. El método científico es uno de los más grandes logros del género humano respecto al desarrollo de la razón. Para un pensar provechoso es útil conocer las Distorsiones cognitivas a las que propendemos, conocer acerca de las distorsiones perceptivas a las que estamos expuestos (por ejemplo ilusiones ópticas), los errores lógicos en el lenguaje, etc. La lectura de ciertas novelas policíacas puede favorecer algunas formas de razonamiento inductivo. Tal es el caso, por ejemplo, de las aventuras de Sherlock Holmes, de Conan Doyle, las novelas de Van Dyne y algunas de Agatha Christie.
  4. Desarrollar la Empatía. Para ello se requiere un sincero interés de entrar en la perspectiva del otro, en sus sentimientos, siempre desde el otro, Junto con esto, mantener la agudeza de mirar más allá de la persona, en los aspectos que la han determinado, para comprenderla mejor. (Chesterton ha expuesto con agudeza este método en su libro El secreto del padre Brown
  5. Uso de la autosugestión y afirmaciones
  6. Imaginería, acompañada de la actitud física correspondiente al estado que se quiere suscitar o reforzar. 
  7. Alimentar el espíritu con lecturas, filmes, música, arte, ambientes, personas.

Todo lo expuesto aspira a que, así como se valora el cuidado al cuerpo, con el deporte y la gimnasia, se valore y desarrolle la psique y el espíritu, con sus adecuados cuidados y ejercitación.


7. DESARROLLO DE LAS FACULTADES SUPERIORES (cfr. cap. 19 - 20)
Existe una práctica por excelencia para el desarrollo del espíritu:

A. Meditar, es decir suspender el resto de las actividades psíquicas ordinarias, Observar con desapego, calmando el tumulto usual de las emociones y la incesante agitación de la mente inquieta. Esto permite la emergencia de la intuición, de la Voz de nuestra alma (superconsciente). La mente, así aquietada, puede convertirse en un espejo fiel de las imágenes del mundo superior. Las experiencias a este nivel pueden ser abruptas o graduales, duraderas o efímeras, claras o nebulosas; es decir, una danza constante entre la personalidad y el Espíritu.

Pero esta práctica no está exenta de peligros, sobre todo si antes no se han integrado los otros aspectos del Ser, como la sexualidad, la agresividad, las cualidades deficientes de nuestra constitución, y aquellos otros que nos habitan (subpersonalidades). Otro peligro es caer en la fascinación por eventuales fenómenos parapsicológicos, cuya importancia para el desarrollo espiritual es mínima, y que generalmente nos desvían, conduciéndonos a la soberbia espiritual o al miedo supersticioso. Ante la irrupción persistente de fenómenos inquietantes, es mejor buscar la guía de un practicante avanzado o, ante su ausencia, suspender la práctica por un tiempo [Para ampliar sobre los peligros del camino espiritual véase: "Las cadenas de oro del camino espiritual" en Vaughan, F.*]

[Una alternativa, más segura en el sentido de no exponernos a contenidos psíquicos aun no asimilables, es la práctica del tai chi, que con sus movimientos lentos es una forma de meditación en movimiento, pero cuyo foco se encuentra en la concentración sobre el cuerpo.]

B. Hay otros métodos para desarrollar las facultades superiores y favorecer la psicosíntesis, en los que se hace uso activo de las funciones psíquicas normales, y que por lo mismo no presentan los inconvenientes del método del "silencio" [meditación].

Entre ellos, uno muy apto y eficaz es el de la evocación interior de un "modelo ideal". Ésta puede ser de dos clases:

a) Imaginarnos a nosotros mismos ya en un estado de psicosíntesis, tan completa como podamos concebirla. También aquí se empieza a ponerse en un estado de reposo físico y de calma mental y emotiva, pero luego se usa en forma activa la imaginación. se procura "verse", del modo más vivo y concreto posible, tal como querríamos ser. Debemos imaginar de modo claro la nueva expresión de nuestra fisionomía, la nueva forma de conducirnos y de hablar, los nuevos sentimientos y pensamientos que se despertarían en nosotros, la nueva voluntad que nos anima, todo nuestro ser armónicamente unificado. Cada vez que logramos hacer esto, aunque sea brevemente, se produce en nosotros un cambio real, nos acercamos, aunque sea sólo un paso, a la meta, y las repeticiones posteriores del ejercicio resultan cada vez más fáciles. La energía sigue al pensamiento -el pensamiento es creativo.

Nótese bien que no se trata de engañarse imaginando que ya se es aquello que se aspira a ser. Al contrario, cuanto más claro es el modelo ideal forjado por nosotros, tanto más clara nos parecerá la discrepancia entre él y lo que de hecho somos. Por otro lado, el ejercicio debe completarse con el esfuerzo resuelto de expresar en la vida, al menos en cierta medida, las dotes y virtudes superiores evocadas con la imaginación. Al final del ejercicio interior tratemos de hacer luego alguna cosa de un modo diferente y mejor que de costumbre, de mantener en nosotros, por decirlo así, un eco y un aroma de lo que hemos experimentado de bello y de sublime.

b) Evocar la imagen de alguna figura histórica o mítica que haya poseído las cualidades superiores que quisiéramos desarrollar en nosotros. El método es semejante, pero en este caso podemos servirnos de la ayuda de imágenes externas (retratos), del recuerdo de episodios reales o simbólicos, de actos y de palabras del personaje elegido como modelo ideal, para luego imitarlo, cuanto sea posible, en la vida práctica.


El primer método resulta más fácil a los tipos introvertidos, en los que la atención y el interés se vuelven de preferencia hacia ellos mismos, en cambio el segundo es más apto para los extrovertidos, a los cuales resulta más fácil evocar imágenes externas.

Con el fin de que esas "evocaciones" sean eficaces, es preciso que no se hagan de un modo frío, casi mecánico, sino con "calor", con sentimiento. Esto nos lleva a hablar de la función de las emociones y de los sentimientos en la psicosíntesis.

Si bien las emociones deprimentes (miedo, desaliento, envidia, celos desconfianzas, sentimiento de inferioridad) son las que impulsan la búsqueda de una psicosintesis, son las emociones dinamizadoras las que favorecen la unificación, la síntesis psíquica y espiritual: esperanza, confianza, fervor, alegría, devoción, admiración, amor espiritual. Por ello, estos sentimientos deben suscitarse con ayuda de todos los medios adecuados y eficaces, y es preciso alimentarlos, reforzarlos, reafirmarlos sin cesar. (p. 169-173)

EL PROCESO TERAPÉUTICO
La cura psicosintética se basa sobre todo en cerciorarse de la especial situación existencial de cada paciente, de los problemas que presenta y de los medios para resolverlos. Por tanto, incluye una etapa psico-analítica. Sigue luego la activación de los aspectos y de las funciones latentes o poco desarrolladas, mediante el uso de las diversas técnicas adecuadas a este propósito. Después, o mejor dicho, mientras está haciéndose esto, debe promoverse la armonización y la integración en un "todo funcional" de todos los elementos constitutivos y de todas las funciones del individuo. Esta es la meta específica y la tarea central de la psicosíntesis. [Este proceso incluye lo interpersonal y social].

Todas estas etapas de la cura no se desarrollan por separado y en forma sucesiva, sino en línea paralela. Por ejemplo, desde el principio el problema central existencial suele estar vinculado con conflictos éticos o religiosos que deben tomarse en consideración. En cuanto a la investigación psico-analítica, puede hacerse a intervalos, cada vez que deban eliminarse síntomas o resistencias.

[Uno de los principales objetivos es el desarrollo de la voluntad]. La voluntad sólo es ineficaz cuando se trata de actuar en contra de la imaginación y de otras funciones psicológicas cuando en realidad su uso hábil y por lo mismo eficaz, consiste en regular y dirigir todas las demás funciones hacia un fin elegido con plena deliberación. La voluntad incluye varios aspectos y estadios, todos necesarios para su expresión eficaz y completa:

1. Objetivo, fin, meta. 2. Motivación. Deliberación. Evaluación. 3. Elección. Decisión. 4. Afirmación (fiat: hágase). 5. Plano de acción. 6. Ejecución. (Apéndice, p. 180s)


PARA CONCLUIR con una mirada rápida de conjunto la exposición de los principios y métodos de la psicosíntesis, recordemos que ésta, en su sentido más amplio e inclusivo, es el resultado de la acción concorde de dos fuerzas, de dos agentes, de dos centros en nosotros: uno personal y consciente, el otro espiritual y superconciente.

El primero se manifiesta sobretodo como voluntad consciente, decidida, tenaz, dirigida a la meta... El segundo es el Yo Espiritual o Self, el centro más alto de nuestro ser, que realiza la obra, completa y perfecciona lo que la voluntad ha iniciado. Este actúa de un modo sutil, con frecuencia inadvertido, desde dentro y desde lo alto.

Por naturaleza propia, el Espíritu está por encima de todo dualismo, de todo conflicto. Él es unidad. Donde está presente y operante, renueva, coordina, armoniza y unifica.

Entreguémonos pues con fe a la acción del Espíritu, abrámosle las puertas de nuestro ánimo, aspiremos a unirnos, a confundirnos hasta donde sea posible con él, al grado de llegar a ser de manera consciente y efectiva, lo que somos en esencia, a saber, un solo Ser, una sola Vida. (p. 174s)

APÉNDICE: MODELO DE LA PSIQUE

En el inconsciente pueden distinguirse tres zonas: el inconsciente primitivo o inferior (1), que en cierto sentido puede considerarse como biopsíquico y que debe incluirse en la integración plena del individuo. Está después el inconsciente medio (2), que más o menos corresponde al preconsciente de Freud. La zona superior (3) es la del superconsciente. El punto central (5) indica el yo autoconsciente, y el área circular que lo rodea (4) representa el campo de la consciencia personal, en el cual van turnándose los contenidos psíquicos (sensaciones, imágenes, emociones, ideas, etc.), de los cuales nos damos clara cuenta en cada momento.

El área oval más amplia (7) es la sede de todos los elementos y funciones psíquicas de los que no somos conscientes en forma directa. Ella a su vez está contenida en la esfera ilimitada del inconsciente colectivo o mundo psíquico metaindividual. La estrella situada en el vértice (6) indica el Sí mismo, considerado no como simple "función trascendente", sino como una realidad psicoespiritual, de la que puede tenerse (como resulta de muchos testimonios) la experiencia consciente. El Yo consciente y el Sí mismo no deben considerarse como dos entes separados, sino más bien como dos aspectos de una única realidad.

Todas las líneas que delimitan las áreas son punteadas y no continuas para indicar que los diversos campos no están separados entre sí por completo, sino que pueden producirse, y de hecho se producen sin cesar, pasos e intercambios de contenidos psíquicos, de uno a otro. Creo conveniente hacer notar que los elementos y las funciones que por lo común tienen su sede en el superconsciente, o que de él descienden al campo de la conciencia (las intuiciones, las inspiraciones, el sentido estético, el moral, las experiencias religiosas y místicas) son "hechos" psíquicos, son "realidades" en sentido pragmático, porque son "eficaces", es decir, producen cambios, ya en el interior del hombre, ya influyendo en sus actividades externas. Por eso son susceptibles de observación y experimento, mediante el uso del método científico, en formas adecuadas a su naturaleza. Puede suscitárseles, dirigírseles y utilizárseles valiéndose de técnicas psicoespirituales apropiadas.

Tomado de 
Assagioli, R. (1980, 1966). Psicosíntesis, armonía de la vida. México D.F.: Diana, Cap. 10 - 20 y apéndice.
(El presente texto es un extracto con algunos párrafos en paráfrasis. Donde hay corchetes y se menciona el "confróntese" (cfr.) se ha resumido o parafraseado.)
_____________________________
*Vaughan, F. (1997). Sombras de lo Sagrado. Madrid: Gaia.

viernes, 10 de febrero de 2017

El trabajo sobre el Inconsciente, según Assagioli (1)

LA PRÁCTICA DE LA PSICOSÍNTESIS.
El que emprende la obra de exploración del inconsciente, con frecuencia se siente detenido desde el principio por una extraña resistencia y renuencia que puede manifestarse de diversas maneras en la consciencia, con una vaga sensación de incomodidad, de turbación, o bien con un sentimiento más definido de temor, de extravío, a veces incluso de angustia. Es una impresión semejante a la del niño que se halla a oscuras en su cuarto que desconoce, lleno de objetos que ignora, o bien en un bosque lleno de sombras y de rumores. En realidad, el hombre moderno, tan fuerte, audaz y seguro de sí mismo en el mundo exterior, en general se conduce como un niño ignorante y atemorizado al verse obligado a dirigirse hacia su interior, para enfrentarse al abismo oscuro y tumultuoso de su mundo interno. No cabe duda que en la renuencia a hacerlo hay... fuga de una tarea que se presenta ardua, dolorosa, fatigosa. Pero hay también un sentimiento justo de defensa propia, la intuición de carecer de la preparación necesaria (p. 103)

La exploración del inconsciente y su dominio pueden efectuarse de un modo sano, seguro, armónico, satisfactorio, con tal que se tenga la preparación adecuada y se sigan las normas oportunas. En el pasado se hacían viajes aventurados de exploradores solos que se lanzaban a tierras por completo desconocidas, sin preparación, sin instrumentos científicos, con armas insuficientes. Pero estos audaces solían pagar con su propia vida ese arrojo. O bien regresaban si haber podido lograr el objetivo, al menos por completo. (p. 106)


1. La primera tarea consiste en estudiarnos y conocernos a nosotros mismos, reconociendo nuestros aspectos bajos y elevados (Inventario). Este autoconocimiento puede darse a través de diversos medios:
  • Tests y pruebas proyectivas,
  • Autobiografía, Diario de sucesos (reacciones, síntomas, lapsus).
  • Expresión artística libre, 
  • Asociación Libre de palabras y Palabras Estímulo (Jung)
  • Mano libre (Escritura automática)
  • Sueños y Fantasías. [interpretación y/o drasmatización]

2. Para poder ensanchar el campo de la conciencia, extendiendo su periferia, para poder asimilar y dominar otros "contenidos", es preciso que el Self esté bien arraigado. ... Es menester hacer al mismo tiempo la exploración del inconsciente y una labor de refuerzo del centro consciente.

El método para lograrlo, base necesaria para el uso de todos los demás, es el del desprendimiento, de la objetivación, de la no identificación... La lucha está dentro de nosotros. Aquí está el campo de batalla, aun cuando ésta se proyecte al exterior... Este desprendimiento ha existido entre todos los maestros espirituales, son ellos los que lo enseñan.

Cito a Filippo Burzio, quien propone una nueva especie de hombre moderno, "demiurgo", cuyo carácter sería precisamente la universalidad, el desprendimiento y el poder sobre sí mismo, sobre el mundo, sobre los hombres.
Nuestra civilización, cuando era cristina, tuvo a los santos. Su lema era: renuncia. Al volverse pagana, ha inventado al superhombre. Su lema es: posesión-gozo. Éste sigue siendo el lema actual. Pero no evita a nuestros contemporáneos el malestar. Con el ritmo secular de la civilización, con el rápido ir y venir, los individuos oscilan entre los extremos de las cosas ansiadas e insatisfactorias. ¿No será posible detener el péndulo  en una posición exacta? El demiurgo piensa que sí. Su lema es: posesión con desprendimiento. Su idea consiste en que el error está en el tumulto contradictorio de la psique: una vez codiciosa, otra santa; ora ilusionada, ora decepcionada, y que es preciso dominar ese tumulto, situándose más allá de los sentimientos; que asceta y superhombre son los términos pasionales de una antítesis que espera su síntesis... (p. 108s)
¿Cómo se adquiere la sabiduría? Con la visión espiritual de la vida que nos viene del descubrimiento del propio centro superior, de la observación atenta y desinteresada de toda la vida en nosotros, en los demás, en el cosmos, de la experiencia de la vida.

3. Al conocimiento y a la comprensión de sí mismo debe seguirle un plan de acción interior. Es menester decidir qué queremos hacer de nosotros mismos, a qué queremos llegar, qué actitud hemos de tomar ante todo lo que hemos descubierto en nuestro ánimo. (p. 116)

4. Un modo rápido y oportuno de orientarse en nuestro mundo interno, de ver cuáles son las tareas más urgentes y escoger un plan de acción, es el de ordenar los diversos elementos y las múltiples fuerzas que se agitan en nuestro ánimo, en dos grupos principales: el de Eros y el de Logos. (p. 119)

Eros, que en griego significa amor en el sentido más amplio, indica el impulso vital, primordial, la tendencia que da origen a los instintos fundamentales de conservación, agresión reproducción, que luego se diferencia en los diversos impulsos y deseos humanos y se sublima en las aspiraciones más altas. (p. 119)

En cambio, el Logos es el principio directivo, ordenador, regulador de la vida. Tiende a recoger y a canalizar el tumultuoso caudal del Eros dentro de cauces rectos y seguros, encaminándolo hacia una meta prevista. El Logos es ley, disciplina, orden, armonía y belleza; es ritmo y medida, es inteligencia y razón, comprensión y luz. (p. 120)

CÓMO ELIMINAR EL EXCESO DE EROS (Cap. 13)
[En el campo psíquico] el caso más frecuente es el de la exuberancia, del exceso de Eros. Son muchísimos los que están dominados por una emotividad exagerada, que sufren por una afectividad en demasía, por la preocupación y el temor, por una impulsividad desbordante que no saben dominar... El medio más sencillo, fácil y espontáneo para eliminar los excesos del Eros es el del desahogo:
  • Desahogo verbal [en particular, la verbalización de aquello que consideramos censurable socialmente, pero cuyo silenciamiento ha provocado un trastorno];
  • Desahogo muscular [gestualidad, motricidad, "golpear almohadas". Ejercicios psicofísicos. Expresión corporal, en particular de lo deseado y no permitido, pero en fantasía o simbólico];
  • Desahogo por escrito [diario personal, cartas simbólicas]
El otro tipo de medio, es el de aplicar el Logos, a través del raciocinio (uso de información, diálogo interno reflexivo) o a través de la actitud meditativa, desprendida. (cfr. p. 123-126)

Psicoanálisis del Vejigante.
Rafael Tufiño

5.1.  TRANSFORMACIÓN Y SUBLIMACIÓN DE LAS ENERGÍAS PSÍQUICAS
(Cfr. Cap. 14 y apéndice)
El siguiente paso, dice Assagioli, es el de la transformación y sublimación de los impulsos y contenidos psíquicos. Él sugiere para lograrlo:

1. Por medios internos:
  • El uso de imágenes sugerentes, que representan el ideal que se aspira realizar (Símbolo).
  • Repetición de palabras y frases que afirman lo que deseamos obtener. 
  • Meditaciones en sus diversas clases: Concentración, Meditación reflexiva, Meditación receptiva, Contemplación.
  • Vía devocional o mística.
  • Desarrollo del sentido del humor.
2. Por medios externos:
  • Contacto psíquico con quien haya realizado aquello que anhelamos obtener [segunda posición en PNL]
  • Lecturas, sobre todo de biografías, autobiografías, diarios.
  • El arte superior que es vehículo simbólico de fuerzas espirituales (Bach, Beethoven, Wagner, Dante, etc.).
  • La acción. Escribir, la creación artística, la acción social y humanitaria. Servicio desinteresado.
  • Actividades Grupales. Grupos terapéuticos.

Son pues varios los modos que hay para obtener la sublimación y es grande el bien que pueden acarrear. La sublimación elimina o atenúa conflictos penosos, utiliza energías que de otro modo permanecerían estériles o tendrían efectos nocivos y favorece la actuación de la psicosíntesis. Por eso una de las tareas más importantes de la voluntad es el uso decidido y sabio de esos métodos. (p. 130s)

5.2. TRANSFORMACIÓN Y SUBLIMACIÓN DE LAS ENERGÍAS SEXUALES (Cap. 15)
Sabemos poco del proceso psicológico de la sublimación, pero parece que, por una especial afinidad de naturaleza, las energías sexuales pueden transformarse con más facilidad en actividades creadoras que en manifestaciones de otra índole.

Condición previa e indispensable para cualquier tentativa de sublimación es antes que nada el crear en nosotros una actitud mental de sinceridad y de valor con respecto a la sexualidad.

Sí, según el punto de vista tradicional, consideramos de hecho el instinto sexual como algo impuro y oprobioso, que deba combatirse con violencia, no conseguiremos ni sublimarlo ni aniquilarlo, sino sólo sumergirlo en abismos oscuros del inconsciente, donde escapará a nuestra vigilancia y tenderá a vengarse, acechando a nuestra salud e influyendo en toda nuestra personalidad.

El instinto en sí no puede ser ni "bueno" ni "malo", y los excesos y perversiones de la vida sexual se derivan por lo común de debilidad o perversión de la fantasía y del sentido moral. El instinto sexual, que tiene una función biológica de la máxima importancia, debe ser dominado y disciplinado al igual que cualquier otra tendencia, sin violencia y sin horror. Las energías que quieren disciplinarse pueden emplearse de otra manera sublimándolas. (p. 137s)

5.3. TRANSFORMACIÓN Y SUBLIMACIÓN DE LAS ENERGÍAS COMBATIVAS
(Cfr. Cap. 16-17)
Los impulsos agresivos guardan relación con nuestra necesidad de autoafirmación. Su transformación implica la elevación y sublimación de la voluntad de poder. Para practicarlo, debemos cambiar y afinar poco a poco los móviles que nos impulsan a la lucha, los métodos que utilizamos para combatir y también la índole misma de la lucha y el campo de su manifestación. (p. 145s)... [Citaré algunas de las actividades para sublimar las energías agresivas:
  • La actividad física: Deportes o actividad manual. En el caso del primero, siempre y cuando su cultivo no se vuelva excesivo (y por extensión, contraproducente).
  • El combate de flagelos sociales; la defensa de derechos; la búsqueda de reformas, los trabajos en que se lucha contra la adversidad y la naturaleza agreste.
  • La lucha espiritual y/o simbólica.]

¿Por qué tantas personas que bajo otros aspectos de buenas cualidades morales, se dedican con ardor, casi con entusiasmo, a criticar a los demás, y experimentan con ello una genuina voluptuosidad, que se revela en todo su ser?... En realidad podemos observar que diversos instintos y tendencias fundamentales encuentran en la crítica una gran satisfacción: [satisface nuestra necesidad de autoafirmación, nos produce un sentimiento de superioridad, cosquillea nuestra vanidad y presunción; ofrece un desahogo a nuestra agresividad]. Es un desahogo que mientras nos da la satisfacción de una victoria fácil, sin exponernos a peligros (ya que el enemigo está ausente), nos parece inocuo.

Añádase también que para muchas personas que deben soportar sin protestar el dominio de otros, o aceptar condiciones de vida y situaciones desagradables sin poder rebelarse contra ellas, la crítica constituye la única forma de proporcionar un libre desahogo a su hostilidad y al resentimiento reprimidos. (p. 150)

Muchas veces nos hacemos la ilusión de haber "sublimado" nuestra agresividad, cuando en realidad no hemos hecho sino recubrirla con una máscara de respeto y celo, bajo la cual esas tendencias se manifiestan de modo sutil y refinado, pero impulsadas por motivos que son todo menos superiores.

¿De dónde puede obtenerse la fuerza necesaria para efectuar la verdadera sublimación? De una concepción espiritual de la vida, del principio de solidaridad de todos los seres... La práctica de la meditación, de la aspiración a la elevación de los instintos, de ponerse al servicio de una causa superior.

Así por ejemplo, la crítica puede transformarse en un perspicaz y sabio discernimiento espiritual... Lo que en realidad distingue a la crítica del sano discernimiento es la actitud interna frente al hallazgo de las fallas ajenas. Quien posee discernimiento no tiende a acentuar y declarar los errores del otro, sino se inclina a compadecerle y a ayudarle. En lugar de hacer gala de la propia superioridad, trata de ayudar a los demás a rectificar y a elevarse. [usualmente no pontificando, sino con el ejemplo].

Si a veces, por amor a la verdad y para ser fiel a los propios principios o por el bien de los demás, la persona dotada de discernimiento espiritual debe declarar en forma abierta su discrepancia, amonestar o poner en guardia; si tiene que defender una causa o una institución o bien una persona atacada injustamente, lo hace con valor y firmeza, pero siempre con mesura y dignidad, de modo sereno e impersonal, sin descender al nivel del adversario, ni utilizar los métodos de lucha de éste (p. 152s)

Los métodos de lucha se van elevando. En la etapa más baja, en la que reina el máximo separatismo, se mata al enemigo. En un nivel un poco más alto, se le vence, se le supera, pero no se le destruye. Más arriba se trata de dominar, disciplinar eliminar, no personas, sino algunas de sus actividades nocivas para los demás. En fin, en la cumbre el enemigo queda absorbido en nosotros mismos, nos volvemos una sola cosa con él, cuando se subliman y regeneran las energías internas combativas con la fuerza del espíritu. (p. 149)

Esta gran transformación de las energías combativas ha sido expresada por Mabel Collins en su libro La Luz sobre el sendero (La luce sul sentierro), [y nos muestra la viabilidad del uso de imágenes trascendentes para la elevación de las energías psíquicas]:

"1) Mantente al margen en la batalla inminente, y aunque combatas, no seas tú el guerrero.
 2)  Busca al Guerrero y deja que él combata en ti.
 3) Recibe sus órdenes para el combate y obedécelas.
 4) Obedécelo, no como si Él fuese un general, sino como si Él fuera tú mismo y sus palabras fuesen expresión de tus deseos secretos, porque Él es tú mismo, y sin embargo, infinitamente más sabio y más fuerte que tú. Búscalo; de lo contrario, en la fiebre y el fragor de la batalla, puedes pasar a su lado y Él no te reconocerá si tú no Lo reconoces. Si tu clamor llega a su oído vigilante, Él combatirá en ti y colmará el vacío interno que te oprime. Si es así, tú puedes, en pleno combate, permanecer tranquilo y reposado, manteniéndote a un lado y dejando que Él combate por ti. Entonces te será imposible dar un golpe en vano. Pero si no Lo buscas, si pasas sin verlo, no habrá salvaguardia para ti. Tu cerebro sufrirá vértigo, el corazón se sentirá incierto, y en medio del polvo de la batalla, la vista y los sentidos te fallarán y no distinguirás a tus amigos de tus enemigos. Él es tú mismo, y sin embargo tú eres finito y sujeto a error. Él es eterno y seguro. Él es la verdad eterna. Una vez que haya entrado en ti y se haya convertido en tu adalid, ya nunca te dejará por completo, y el día de la gran paz se hará uno contigo."

Considerémonos "Caballeros del Espíritu", milicianos de una causa ideal: la de ayudar a la humanidad a salvarse de los peligros que la amenazan [no considerándonos "elegidos", sino milicianos anónimos, colaboradores de la evolución].

Tomado de 
Assagioli, R. (1980, 1966). Psicosíntesis, armonía de la vida. México D.F.: Diana, Cap. 10 - 20 y apéndice.
(El presente texto es un extracto con algunos párrafos en paráfrasis. Donde hay corchetes y se menciona el "confróntese" (cfr.) se ha resumido o parafraseado.)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Ser madre, suegra, abuela

La maternidad entendida en su sentido más amplio y profundo, antes de ser función humana es un principio cósmico. En la naturaleza existe la tendencia a terminar el ciclo de vida una vez que se ha cumplido con la finalidad de perpetuar la especie. Quizá esto forme parte del sentimiento de desorientación que muchas mujeres sienten al llegar a la menopausia, cuando su potencial reproductivo desaparece. Sin embargo, como especie humana, curiosamente el ciclo reproductivo femenino termina alrededor de la mitad de una vida potencial (50/100), lo que podría leerse como una segunda etapa para vivirse plenamente desde la individualidad, desde la abuelidad consciente o teniendo hijos trascendiendo la biología, trascendiendo los límites tribales, inspirados por el refrán: "Es mamá/papá quien cría, no el que engendra".

A las mujeres de algunas etnias, dice Assagioli, recién se les considera con alma cuando han tenido un hijo. Adquiere como madre un grado de dignidad que no tenía como esposa. Y es que el hijo es la conexión fáctica con la familia. Es un vínculo que da realidad consanguínea, lazos de sangre. En palabras de una suegra: "ahora eres mi nuera" (ahora eres, antes "nu - eras"), o "ahora eres mi yerno" (hoy sí, "a-yer no").

Ser madre, mater, es relativamente sencillo. Prodigar los cuidados mater-iales: amamantar, limpieza, cuidados, etc. Convertirse en mamá, en cambio, es lo que lleva al cúlmen de la maternidad. Maá - Má, sonido que conecta con los sagrados Amén, Aum, Ommm.
Si se comparan los cuidados materiales que muchas madres tienen con el cuerpo de sus hijos, con los que dedican a su carrera, a su triunfo exterior en la vida, el cultivo de su alma, a la comunión intelectual y espiritual con ellos, la desproporción es enorme. En consecuencia, se ven muchos hijos bien cuidados, bien protegidos, bien provistos en los estudios profesionales, pero a los que falta toda atención interior, que carecen de toda base sólida ético-espiritual. (Assagioli p. 61)
Klimt. Las tres edades de la mujer

Esta desproporción de la que habla Assagioli y, a continuación, el exceso de sobreprotección materno que señala, serían los dos extremos de una misma falencia: no se puede ser suficientemente madre o padre (al decir de Winnicot) sin haber logrado ser suficientemente hija o hijo. La madre, necesitada aún de su propia madre, gasta sus energías en compensaciones o en proyecciones, siéndole difícil estar plenamente disponible para el niño en desarrollo. Esto genera que el niño se "aferre" a su madre, en lugar que se apegue. Cuando el apego es seguro (Bolwby), el niño se siente con la confianza suficiente para alejarse de su madre, puesto que siente la mirada protectora sobre él/ella. Esto, con el tiempo, hará que sea capaz de ser autónomo, y aunque ya no tenga a su madre físicamente a su lado, la llevará en su corazón a todas partes. Historia distinta es cuando el pequeño ha sufrido experiencias intensas de ausencia de la madre, ausencias físicas (como estar hospitalizado) como ausencias emocionales (madre deprimida o nostálgica). El niño se aferra, se siente en peligro constante de ser abandonado. Ante una madre desapegada, un niño aferrado.

La madre está desapegada del niño, pero aferrada a alguno de sus padres o a alguna otra persona. El no soltar al hijo está más relacionado con no querer pasar (o no volver a pasar) por la experiencia de ser abandonado o de pérdida.

La madre pasa por muchos sacrificios por su vástago y la verdad es que cuanto más te sacrificas por alguien, más enlazado a él te sientes. Las sociedades tradicionales desarrollaron ritos de tránsito para facilitar el paso de la niñez a la adultez y el desprendimiento del enlace madre-hijo. Estos ritos se han perdido en nuestras sociedades modernas. La madre "civilizada" no tiene estos apoyos para lograr el sacrificio de los sacrificios: permitir que los hijos se desprendan de ella. Sacrificar la propia dedicación a los hijos, saber retirarse. Lo que era bueno, debido y noble en un momento dado, se vuelve inoportuno, excesivo y dañino.

Y una forma en que se evidencia esta dificultad de desprendimiento se observa en el papel de la suegra ("su-ogra"). Veamos lo que dice Assagioli:

LA SUEGRA
La crisis de una madre cuya hija se casa es algo que debe tomarse en serio. Mientras los hijos en la adolescencia se apartan poco a poco, en el caso de la hija la cosa suele ser más brusca. Hasta el momento de contraer matrimonio, la hija permanece más cerca de la madre. Con frecuencia participan en las mismas actividades dentro y fuera de casa. De pronto aparece un nuevo ser que se atraviesa en su intimidad, la interrumpe en forma brusca. Es una crisis grave para la madre, y si no sabe comprenderla y superarla con prudencia, acontecen hechos penosos. La madre se vuelve "la suegra" en el sentido peyorativo de la palabra. Surgen en ella hostilidades y celos contra el individuo que le ha arrebatado a la hija, a la compañera.Como es natural, este apego y estas reacciones injustas producen una serie de errores en la actitud de la madre, y es contra lo que el yerno se rebela, y muchas veces no sólo él, sino también la hija misma. Así es como se presentan las complicaciones que todos conocemos. (Assagioli p. 63s)
Así, por una paradoja aparte, para ser madre en el sentido mejor y más elevado, del modo más verdadero, la mujer no debe ser sólo madre, sino ante todo un ser humano que también es madre, que ejercita la función de madre con fervor y nobleza. Pero, repito, no debe ser sólo madre. Es preciso que la mujer, además, y me atrevería a decir por encima, de la madre, se reconozca como un alma humana consciente de sí misma, que tiene también otros intereses, otras actividades, que participa en la vida social y espiritual. Esto no la vuelve menos madre. Más bien hace de ella una madre mejor.
Ante todo, al interesarse por los problemas espirituales y sociales, al incorporarse a la vida de la época y de su civilización, está en grado de comprender y seguir por más tiempo a sus hijos. Si cuando los hijos son pequeños, quita a sus cuidados una que otra hora para [informarse] e interesarse en los problemas que trascienden el cerco limitado de su familia, cuando los hijos sean adolescentes estará en grado de seguirlos, de comprenderlos, de ser su compañera [amistosa]. Así pues, por el interés mismo de la función materna es oportuno que la madre no sea exclusivamente madre. Cuando al fin llegue el momento del desprendimiento, ella ya tendrá otra serie de intereses humanos y espirituales hacia los que puede dirigir su actividad, a los que puede dedicar su tiempo. (A p. 64)
SER ABUELA
Una forma de maternidad renovada es su dedicación a los nietos, en calidad de abuela. En esta función femenina, la mujer madura, pero interiormente viva y activa, puede con toda verdad ser, en ciertos aspectos, madre una vez más. Incluso puede ser una madre más sabia, más serena, más ecuánime. Puede [suplir] en parte e integrar la obra de la madre de sus nietos... gracias a la actividad ininterrumpida, sus facultades permanecen ágiles y lozanas, siguen desarrollándose, y ella continúa en contacto con la vida que se desenvuelve a su alrededor. En una palabra, se mantiene psicológicamente joven.

Referencias Bibliográficas:
Assagioli, R. (1980, 1966). Psicosíntesis, armonía de la vida. México D. F.: Diana, p. 61- 69
Véase también: Hellinger, Bolwby, Winnicot.

martes, 24 de enero de 2017

Cambio terapéutico y Escritura

Parece que es común pensar que el cambio en el concepto de uno mismo y en la conducta puede sobrevenir sin tropiezos. Esto no ocurre con persona alguna, y tampoco cuando se trata de cambios en una organización. Toda transformación implica desasosiego y diversos grados de dolor. Cuando aprendemos algo significativo respecto de nosotros mismos y obramos de acuerdo con ese nuevo saber, ello pone en marcha consecuencias que jamás podemos prever por entero. Es absolutamente natural que la ocurrencia de un cambio tan importante como este en un estilo de vida cimentado en la formación de hábitos durante ´x´ años origine un período de... altibajos [de diverso grado]. (Rogers, p. 105)

A continuación Rogers menciona tres ejemplos de cambios producidos después de haber participado en un grupo de encuentro. Estos ejemplos también pueden ser extendidos al cambio terapéutico en general, siempre y cuando se hayan considerados aspectos emocionales profundos. Además, también muestran una realidad distinta frente a los peruanos. Los participantes escriben cartas con detalles y efusividad. En nuestra experiencia, los peruanos son más bien parcos ¡si es que se animan a escribir!

Aquí sus palabras:

[El siguiente ejemplo] ilustra magníficamente cómo intuyen los niños un cambio en los sentimientos y actitudes, aun cuando el comportamiento exterior no parezca modificado en absoluto. Una madre que había integrado un grupo [de encuentro] con un colega mío le escribió a este poco después de que aquel finalizara:

“Tú sabes que con Pete, mi marido, me llevo bien. Pero –es probable que lo hayas notado- nunca dije lo mismo respecto de mis hijos. Me fastidiaban las riñas entre Marie y Alice. Me fastidiaba que Marie mojara la cama, y también que yo no pudiera brindarles mucho afecto”. Me fastidiaba que nunca hablaran realmente conmigo. Me molestaban algunas de las cosas hirientes que Pete y yo les decíamos. De modo que, cuando regresé a casa el domingo, flotando en una nube con mi nuevo yo real, preveía que habría de obtenerse alguna clase de respuesta. Lo que no preví fue la rapidez e intensidad con que se produjo”.

Poco después de volver a su hogar, llegó la hora de acostar a Marie, la hija menor, de diez años. La madre le preguntó si podía ayudarla a bañarse.

“Por espacio de una hora hablamos de la menstruación, de Dios del Diablo, el Cielo, el Infierno, de odiar tanto a una persona como para desear que muriera, de robar dulces de la cocina, de pesadillas y monstruos en la ventana. Por supuesto, habíamos hablado de estas cosas pero nunca de esa manera. Alice, quince meses mayor que Marie, entró en el baño y compartió con nosotros la experiencia. Terminé bañándola también a ella. Me sorprendió que se dejara bañar por mí, pues está entrando en la adolescencia y su cuerpo le avergüenza. Marie me preguntó: ¿Qué hiciste en la reunión? ¿Aprendiste a ser buena con los chicos? Respondí: no, aprendí a ser yo misma, y eso es algo muy lindo de veras”.


Un segundo ejemplo nos lo brinda una carta escrita a Bill y Audrey McGraw, un año después de que ellos condujeran un grupo para parejas de novios y matrimonios. Dicha carta se explica por sí misma. El hombre empieza diciendo:

“Comencé a escribir esta carta cien veces.  Se refiere a cosas que sucedieron y a otras que están sucediendo. Está llena de amor. Está llena de lágrimas, de alegría, de amor.

Sentado aquí, escribiéndoles, siento que me invade el llanto y la emoción. Nunca pude escribir antes una carta como esta. Esto es lo que quiero decir. Esto es lo que quiero agradecerles, hacerles saber que el cometido de ustedes pasó a ser mío. Que lo cumplieron. El momento era apropiado; lo aproveché, ahora es mío y nunca lo perderé, y lo estoy trasmitiendo a otros.

Eileen y yo nos casamos; vivimos juntos, tenemos problemas, nos peleamos, descargamos nuestro mal genio y nos amamos. Hoy no pasaría esto si no los hubiésemos conocido a ustedes. Pero los conocimos, estuvimos varios días juntos y salimos bien de la prueba. No fue perfecta, pero sucedió en el momento apropiado, y tuvimos la suerte de conocer a la gente que más nos convenía; estábamos dispuestos a cambiar el rumbo de nuestras vidas y ustedes lo lograron. Sabemos ahora qué cosas son posibles y alcanzables. Esta base, esta seguridad emocional en nuestro matrimonio me ha proporcionado un trampolín, un campo abierto, una posición ventajosa. Soy receptivo, fluyo, me prodigo… las palabras no pueden describir en forma adecuada lo que me ha ocurrido realmente. Ustedes saben de qué se trata. ¡Es algo que me pertenece, algo impetuoso!

Ahora sé por qué tardé tanto en escribir. Estoy seguro de saberlo. Ha transcurrido un año, y el temor desapareció. Jamás perderé lo que tengo en este momento. Comprendo que lo que tengo no hace sino ponerme en situación de aceptar responsabilidades mayores. Entiendo ahora por qué tú, Audrey, y tú, Bill, deben pasar lo que pasan en cada grupo.”

Quisiera agregar un ejemplo más: el de una maestra y sus discípulos. Pregunté por carta a una maestra de escuela primaria, que algunos meses antes había formado parte de un grupo de encuentro, qué resultados había obtenido. Contestó lo siguiente:

“Me preguntas qué me sucedió… pues, sencillamente, alguien llegó hasta mí, a mi yo interior. Presté oídos y escuché cosas a las que nunca atendí antes… y eso me encanta. ¿Resultados? Todo lo que sé es que me produce gran alegría. He escuchado a mis alumnos, les he preguntado si antes hice alar a alguno en la clase o no les presté atención. Los más terribles de la clase levantaron la mano. Son además, los más sensibles… He vivido los meses más activos, dinámicos, vitales, excitantes, divertidos, gratificantes y felices desde que empecé a enseñar, y sigo viviendo de esa manera”.

Su observación acerca de los alumnos difíciles, los “terribles” –como ella los llama-, reviste particular interés. Suele ocurrir que los niños difíciles son más sensibles que otros a las relaciones interpersonales. Su comentario plantea, asimismo el interesante problema de la causa y el efecto. Estos chicos ¿eran “terribles” y ella sintió, en consecuencia, que no merecían ser escuchados, o se volvieron “terribles” porque sentían que no se les escuchaba? Esto abre una perspectiva intelectual enteramente nueva acerca de los llamados “niños difíciles” en la clase. Las afirmaciones de esta docente sugieren también hasta qué punto pueden participar en el aprendizaje los discípulos y maestros cuando la comunicación que se establece es real.

Tomado de:
Rogers, C. (1984). Grupos de encuentro. Buenos Aires. Amorrortu, p. 87-90. 105

domingo, 22 de enero de 2017

El Carácter encarnado

Para hablar de la forma de ser y estar en el mundo se usan diversas acepciones. Una de ellas es el "genio". "Tiene mal genio", se dice. Proviene del genius romano, una suerte de espíritu asignado a cada mortal como parte de su naturaleza. Su versión moderna sería el temperamento, cuya etimología alude a "en su justa medida", en referencia a esa combinación que nos singulariza. Sin embargo, en la psicología actual temperamento es considerado el aspecto biológico de la personalidad, no afectado por el ambiente (pero esto es relativo, toda vez que sabemos que el no nato ya está siendo afectado por el ambiente a través de las vivencias maternas incluso desde su concepción).

La personalidad es la estructura con que nos vinculamos con el mundo, es la máscara que nos permite hacernos presente (per-sona, era la máscara del teatro romano, que resonaba para que los asistentes oyeran a los actores). La compone, por un lado, el temperamento y, por otro, el carácter, cuyo significado etimológico sería "lo que queda grabado, las marcas que la vida te hace". De donde queda claro que alguien puede tener "mal o buen" genio, temperamento, carácter o personalidad; pero jamás podemos decir por ejemplo, "que fulano no tiene carácter" o que le falta.

Gran parte del trabajo psicoterapéutico recae en trabajar sobre la flexibilización o cambio del carácter. El carácter, desde el punto de vista psicodinámico, es un modo habitual de comportamiento, de tipo defensivo, que genera una suerte de armadura corporal que impide una flexibilidad y una apertura plena en las relaciones consigo mismo, con los otros y con el universo. El carácter tiene como función regular el gasto de energía en la persona (economía libidinal), gestionando el nivel de ingreso y de egreso energético, las posibilidades de recibir y de expresar. Por ello la utilización de la energía es muy diferente según el tipo de carácter constituido.

El carácter se ha conformado como la mejor adaptación posible ante las circunstancias vividas. Por ello, hay que tener cuidado de caer en la trampa de creer que exista un tipo ideal de carácter. El trabajo sobre el carácter es generar nuevas formas de adaptación, a lo que el consultante está en capacidad y dispuesto para asumir.


Lowen emplea para ello el aumentar el estrés sobre el cuerpo para que se tome conciencia de los puntos bloqueados e ir elaborando, a partir de ello, los traumas implícitos. Rolf, en cambio, confía que el cambio directo de los patrones caracteriales expresados en la musculatura y el tejido conectivo llevaran a una disolución de los traumas asociados ( no necesariamente los considera causales).

Lowen propone pasar por un movimiento voluntario que conduce a un movimiento involuntario, a menudo acompañado de vibraciones. Estas últimas se toman como índice de circulación de la energía  y de relajamiento muscular. Detectar y aliviar una tensión muscular es relajar el músculo y librar el recuerdo o el afecto (emoción sin contenido), descongelar la expresión, la acción y la interacción, y permitir una reutilización de la energía bloqueada. El insight no es imprescindible.

Como bien señalan los orientales, el centro de gravedad del cuerpo no está en la parte alta -en la cabeza, los hombros, el pecho- sino alrededor del ombligo y el plexo solar. Con la respiración abdominal, el vientre no está hundido, sino libre y ligeramente tenso, los hombros relajados, el tronco firme, la cabeza en el eje de la columna vertebral; esta última se mantiene recta sobre su base, una base firme -no importa si la persona es delgada o corpulenta. Si se baja es doblando las rodillas; si se eleva es empujando los pies contra la tierra. Recto, firme, sostenido, alerta.

Esta posición se opone a la posición europea típica de origen militar: recta, tensa, rodillas juntas, que pueden desequilibrarse fácilmente por un empujón desde atrás.

Hacer ejercicios, correr, saltar, golpear, gritar, cualquier cosa hecha para desahogarse, va a ser inútil si no se reconecta la expresión corporal (acción, tensión, dolor, afección, propensión a usar ciertas sustancias) con la razón de su función.(Schutzenberger)

La alegría depende, en gran parte, del completo desarrollo de las funciones corporales; se trata de tener conciencia de las emociones, de expresar los sentimientos con precisión y de aprehender las relaciones entre éstos y otras funciones tales como el pensamiento y la acción: es el acercamiento al funcionamiento personal (Colin, p. 102s).

Janov señala que la no satisfacción de las necesidades esenciales, a las que él llama "primales", va generando una cerrazón sobre uno mismo. Lo que él llama la "Escena Primal Mayor" es la escena representativa de la escisión estructural de la personalidad. Escenas primales menores van a sucederse en el transcurso de toda la lucha del hijo por complacer a sus padres. Son pequeños acontecimientos menores que afectan la identidad: críticas y humillaciones. Y también tenemos las "Escenas primales - clave", una especie de condensación de centenares de "escenas primales menores". (Schutzenberger)

Todo esto genera una dificultad para aceptar y expresar tanto el amor como la ira.

Plantea Casriel, en La Historia de Daytop, que existen cuatro niveles de ira:
  1. La ira a nivel cognoscitivo que es muy superficial, porque no es una verdadera emoción, es sólo un pensamiento.
  2. El "desahogo de la ira" que se siente a nivel de la garganta, y que va dirigido hacia personas importantes en la vida del individuo. Emocionalmente es bastante intensa e implica: "Estoy furioso. aléjate de mí".
  3. Una ira más profunda aún se siente a nivel del pecho y que se caracteriza por una gran violencia. "Te odio. Quiero matarte".
  4. La "furia de la identidad" es el nivel de ira más profundo que se siente en las vísceras, y que literalmente involucra a todo el cuerpo. Permite la liberación de los sufrimientos más intensos. "Estoy dolido. No es justo. No voy a permitir que lo que me has hecho vuelva a ocurrir".
He aquí la importancia de la ex-presión, de sacar la presión fuera. He aquí el lugar del grito. El grito puede expresar o revelar emociones que no podrían fácilmente expresarse en palabras. Los gritos pueden revelar emociones reprimidas desde la infancia, y esta libertad de expresarlas puede cambiar de manera positiva y significativa la personalidad. Las resonancias no verbales son más importantes para la expresión de alegría, miedo, dolor o ira, que las palabras. Al reconectar lo vivido con su expresión trunca (quejarse, gemir, llorar, gritar) se le puede dar término (fin de la compulsión a la repetición), recobrándose la propia identidad (Kort).

Gritar es un acto natural. A menudo es también una necesidad. Se grita de alegría, de dolor; se grita para llamar o amenazar. El hombre grita en su nacimiento, grita a veces, también, en su agonía y durante toda su vida, el grito marca momentos expresivos de angustia o de agresividad.

(Sin embargo, el doctor Leboyer, en "Un nacimiento sin violencia", describe partos y nacimientos en los que se han tenido en cuenta las necesidades fundamentales del niño, que nace suavemente en la penumbra, que después es colocado sobre el cuerpo de su madre, que no grita en el nacimiento, no parece traumatizado y se convertirá en un niño tranquilo que parece feliz. Entonces, se gritaría por el tipo de nacimiento, no por el nacimiento en sí.) (Schutzenberger)

Finalmente podemos decir que, para desbloquear lo que sea que nos esté limitando, rigidizando nuestro carácter, se requiere comprender que no está bloqueada la ira, el miedo o la tristeza, sino lo que está primariamente bloqueado es el Amor (a veces amor ciego, en palabras de Hellinger, pero ¡amor al fin!).

Referencias Bibliográficas:
  • Colin, L. y Lemaitre, J. (1979). El potencial humano. Barcelona: Kairós.
  • Fernández, J. (revisado online 20-01-2017): http://hispanoteca.eu/Foro-preguntas/ARCHIVO-Foro/Persona.htm
  • Kort, F. (1971). Psicoterapia de Grupo y desarrollo del potencial humano. Caracas: Monte Ávila, p. 100s
  • Schutzenberger, A. (1980). Nuevas terapias de grupo. Madrid: Pirámide, pp. 144-163. 185s
  • Wikipedia: Genio.

jueves, 19 de enero de 2017

Terapia de grupo y contacto físico

Carl Rogers cita las experiencias de su hija Natalie y su nieta Anne en relación a los grupos de encuentro y el contacto físico:

(Natalie)
A menudo ocurren cosas espontáneas no verbales, si el facilitador establece la norma de que las acciones de esa índole están permitidas [en el grupo].

En un grupo de adultos, un hombre solicitaba realimentación de los otros. Estos manifestaban con palabras y sin ambages sus impresiones. Me impresionaba como un ser solitario, temeroso y pasivo, tanto por su postura (se había sentado en un rincón) como por lo que nos había dicho en sesiones anteriores. Cuando me tocó el turno, le pedí que saliera del rincón y se ubicara frente a mí, donde yo pudiera responderle en forma más directa. No pude resistir el impulso de darle un suave empujón. Se inclinó hacia atrás, y volví a empujarlo un poquito. Retrocedió más todavía. Comencé a enojarme, y le di un fuerte empellón en el hombro. No intercambiamos palabra alguna, pero nos mirábamos de hito en hito. Por último, se defendió, y luchamos y forcejeamos hasta que advertí que no lo podía derribar. Él se benefició mucho con la experiencia, y yo también. Creo que, al menos por un tiempo, se sintió más hombre.


Casi siempre hablamos durante un rato [en el grupo] del significado que tienen  para nosotros los contactos físicos y no verbales. Se me ocurre que vuelven a producirse varias clases de aprendizaje. Quizás uno de los más importantes sea que el contacto se "desexualiza". Esto no significa que pierda sus connotaciones sexuales, sino que estas infunden menos temor y el contacto físico adquiere nuevos significados. Además, hace que los individuos se formulen esta pregunta en el plano de la experiencia: ¿Deseo de verdad estar cerca de otra persona?. Por último, puesto que es mucho más fácil "embaucar" a otros -e incluso a uno mismo- con las palabras, las experiencias no verbales plantean el interrogante: ¿Soy sincero? ¿Digo lo que siento cuando hablo?

(Anne)
¿Por qué tememos tanto al contacto? Porque tocar significa: SEXO. Pero, ¿no se dan cuenta acaso? No hay blanco ni negro, sino todo un continuo entre ambos polos. Sí, el hecho de tocar, abrazar, acariciar, encierra el sexo. El apretón de manos más distante y frío es sexual, aun cuando niega la emoción. La forma de encarar el contacto no es desexualizarlo, sino reconocer la existencia de la sensualidad; aceptarla. Si puedo aceptar la experiencia del contacto, este ya no me perturbará. Si acepto las respuestas que provoca en mí, es probable que no descubra miedo ni repulsión; descubriré, en cambio, el verdadero contenido del abrazo: cariño, fervor, júbilo.

Tomado de:
—Rogers, C. (1984). Grupos de Encuentro. Bs. As.: Amorrortu, p. 69s. 72